jueves, 27 de octubre de 2011


Antero Manuel
Garcìa Mayanga

















SAN PERO DE LLOC - PERU


ENTRE LA TINA Y EL BARRAL
Autor:
Mg. Antero Manuel García Mayanga
Primera Edición Agosto del 2011
Tiraje : 1000 Ejemplares
Editado por:
Antero Manuel García Mayanga
Jr. Horacio Zeballos Gámez Nº 05 AH : “Las Maravillas”
Celular: Movistar 949425467 - RPM # 0194956
San Pedro de LLoc - Pacasmayo
La Libertad- Perú.
Imagen de portada:
Paisaje Natural
Diagramación:
Richard Raúl García Rodríguez
Hecho el deposito legal en :
Biblioteca Nacional del Perú Nº 2011 - 09897
Impreso en:
IMPRENTA GRAFICORT.
PACASMAYO- LA LIBERTAD-PERU











































INDICE














Todos los derechos son reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio sin la autorización por escrito del autor








PRESENTACIÓN
El presente libro, fruto de experiencias acontecidas en el trajinar de mi vida y que me permito sistematizarlas desarrollando todas las formas de expresión escrita, convirtiéndolas y sintetizándolas en el título de esta publicación , “ ENTRE LA TINA Y EL BARRAL”, revelando la intención de motivar el aprendizaje de nuestros niños, jóvenes y adultos de nuestra comunidad e interesarlos en desarrollar a cabalidad sus capacidades de expresión oral y escrita, cultivando la creatividad e identidad cultural de nuestros pueblos; convirtiéndola como eje fundamental de lograr una comunicación optima y socializadora.
Asumo este reto de utilizar la palabra escrita, para dar forma algunas vivencias personales y en otras mezclándola con la imaginación y así poder convertir lo que no me atreví a narrarlo a través de la expresión oral; para plasmarlo en esta obra, y así insertar mi entrega literaria ofreciendo un brochazo de narración de lo ocurrido en mi pueblo San Pedro de LLoc, tierra que me vio nacer y crecer biológicamente; y Pacasmayo, tierra que me adopta y ve crecer profesionalmente.
Considero que la presentación de esta obra literaria es un gran logro personal dirigido aquellos que se solidaricen con quienes nos atrevemos a escribir contando nuestras vivencias anécdotas, que pasamos en épocas distintas con nuestros familiares amigos y personas que nos brindaron y nos brindan felicidad.
En esta difícil tarea literaria, sus críticas constructivas me ayudaran a seguir adelante, por consiguiente; espero disfruten de estos cuentos : Mi Hermano y el Duende, Una Noche Friolenta en Pacasmayo, El Clavel y la Hermosa Flor, El Palito del Barrio, Percy y el Encanto del mar, El Barco de mi Vida.




PROLOGO
El cuento siempre traerá consigo el dolor y la añoranza, con incrustaciones deliciosas de alegría y fantasía. Un cuento tiene la característica fundamental de que, después de leído, tú lo podrás contar, si no cumple esta condición, simplemente no es cuento.
Antero Manuel García Mayanga, profesor y escritor, se anima con este trabajo creativo intitulado ”ENTRE LA TINA Y EL BARRAL” a ingresar a ese mundo mágico y gratificante de la narración corta. Considero que Antero es el clásico cuentista bizarro que se desprende de los miedos y cuenta las cosas como las siente, como las vive; al final ese es el objetivo de narrar una historia, que se quede en la mente de los hombres y se trasmita de generación en generación.
“El Barral”, la escuelita de “La Tina”, la canchita junto al penal, las charcocas, las sarras, los anchitos, etc. Son lugares, personajillos que extrae de lo vivencial, de su aldea; cumpliendo así el mandato de Tolstoi, hay que empezar por allí para ser universal.
Toda persona que se precie de ser escritor debe mezclar la realidad con la creación literaria. Es en ese intento de mixtura que podemos comprobar la calidad artística del creador. Atrás quedaron las poses autosuficientes de que “todo lo creó”.
Considero que aquí Antero intenta un camino sincero. En su estilo de escribir empieza por describir el hogar, sus bondades y experiencias, con lenguaje sencillo, aldeano, pero entendible, acusa sentimientos nobles, como el amor, el agradecimiento, la lealtad, la disciplina, la solidaridad, etc.
En el cuento del duende narra una historia que se mueve entre lo real y lo inverosímil, dejando al lector para definir entre ambas opciones. “La Noche Friolenta” tiene al consejo como su punto de apoyo y allí deja traslucir su vena docente, posteriormente recrea a “Palito” como el personaje que pudo salir adelante gracias a la solidaridad, en ·”La hermosa Flor y el Clavel” les provee habla, sentimiento y razón a ambas flores, pincelando un amor que vence las barreras de lo lógico, posteriormente rinde un homenaje al alumno fallecido convirtiendo su muerte en un pasaje enigmático y fantasioso, pero se sirve de este cuadro para resaltar las cualidades del personaje principal, Percy.
Culminando con un homenaje a sus seres más queridos, papá y mamá, e introduciendo un acápite especial para su pequeña Silvia Rosa, hija querida que tuvo que marcharse a lo desconocido como una prueba fehaciente que el hombre no es el amo del universo, esto último constituye la reflexión que el autor ha denominado “El Barco de mi Vida”
Subamos nosotros a este barco que Antero nos ofrece y disfrutemos de la travesía de una lectura, que con toda seguridad, removerá las cimientes de nuestra añoranza y corazón.
Pacasmayo julio de 2011
VICTOR ANDRES GOMEZ RUIZ
Escritor Pacasmayino































Para mis hermanos y todas las personas
que de una u otra manera marcaron huella en mi vida
y me brindaron cariño afecto y comprensión


Mi hermano y el Duende

Joseph, mi hermano, era un niño hermético, de carácter tranquilo. Se comunicaba poco, pero sí que le gustaba estudiar, le cautivaba ir al colegio, animado por la cercanía de la pequeña escuela con nuestra casa ubicada en la calle Zepita. En ese entonces “El barral” , mis hermanos le llamaban La Tina. José debe acordarse más de la escuela de Aplicación, porque allí estudió casi toda su primaria.

Mi padre, don manuel, decía que Joseph era un niño muy inteligente; a pesar que era una persona muy ocupada en su trabajo, y rara vez podía participar de los logros de mi pequeño hermano, nunca tenía tiempo para jugar con él, pero para eso estaba la señora Dolores, nuestra mamá Lola, la señora que se ocupaba de la casa y de atender las necesidades de Joseph y todos nosotros: Margarita, Rosa, Joseph, Juliana . Todos queríamos mucho a mamá, hasta ahora, tanto como se puede querer a una madre abnegada, verdadero arroyuelo de amor.
Mañana de campo, canto de pajarillos donde el rocío refrescaba los pétalos de las flores y humedecía con ternura los prados. Joseph se levantó muy temprano, casi tanto como mamá Lola, que a esa hora ya ajetreaba los trastes para el desayuno.
Mamá quedó sorprendida de ver retornar a Joseph de nuestro corral cargando en sus pequeñas manos, ricos y apetitosos mangos; en realidad a nuestra madre llamó la atención que su pequeño hijo se haya levantado tan temprano, más no los mangos, ya que al lado nuestro vivía la señora Rafita Liñán. Ahí había una sobria planta de mangos, tan productiva que hasta los cerdos gozaban de su generosidad.
La incursión de Joseph en nuestro corral a tan temprana hora se comentó en predios hogareños y la deducción más lógica fue que Arturo, cariñoso siempre con los niños, al ver solo a Joseph en el corral le alcanzó los mejores mangos que había cogido de la planta.
Ingresamos en una especie de duda y enigma cuando le preguntamos al “Gato” Liñán quien negó haberle dado fruto alguno a nuestro hermano pequeño, acotando que sí lo había visto solo, quedando impresionado porque parecía que conversaba con alguien, pero al mirar a todos sitios no vio a nadie.
Arturo recomendó tenerle cuidado al niño porque a lo mejor salió sonámbulo. Cuando papá le preguntó a Joseph quién le había dado los mangos, la respuesta del infante profundizó nuestras intrigas; dijo que su amiguita la gringuita que se tapaba la cara con sus cabellos para no dejarse ver el rostro. Todos pensamos que había soñado y que de casualidad los mangos habían caído por el viento.
Pasaron los días y Joseph, cada mañana, exigía lo dejen salir al corral, era demasiado temprano, pero el infante, pidiéndole una canastita a mi hermana Rosa, se preparaba para salir a recoger fruta. Grande fue nuestra sorpresa cuando al seguirlo, comprobamos que efectivamente Joseph conversaba y jugaba animosamente, pero nosotros no veíamos a nadie, al mirar la canastita fue sorprendente observar que no estaba llena solamente de mangos, sino también de cerezas, pomarrosas e higos. Mamá Lola lo interrogó para ver de dónde sacó esas provisiones de fruta y el pequeño volvía a referirse a su amiguita gringuita de la cara tapada con sus propios cabellos. Mi madre, comenzó a sospechar que la picardía de Arturo estaba involucrada en todo este enigma, valiéndose para tal efecto de la cercanía de la huerta del señor PRIMITIVO, hoy casa de la familia Noriega Pinillos, entonces con la finalidad de congraciarse “El Gato” se iba a traerle fruta, que no fueran mangos.
Arturo, nuevamente respondió que no era él. Mucho más preocupados comenzamos a incrementar las suposiciones; de repente era Miguel Gómez quien traía la fruta de la huerta de la señora Corina Arroyo. Se suponía que Miguel, aquel que soñaba con conquistar el cielo sobre un avión (sueño que cumplió, volando tan alto porque muy joven se fue al encuentro del Señor), era muy amigo de los niños del barrio; sin embargo, al igual que Arturo, ofreció la mismo respuesta, yo no he sido.
Papá en tono de recomendación dijo: ¡Ah!, Entonces hay que tenerle mucho cuidado, debe ser el duende, y le propuso a mi pequeño hermano ir juntos a la huerta, a lo que Joseph respondió: ¡no, porque mi amiguita, no quiere jugar con grandes¡. El jefe del hogar aceptó la sentencia del niño de no muy buena gana. Pero ordenó su confinamiento con la orden de prohibirle las incursiones a nuestro corral en tan temprana hora y menos solo.
Después de varios días que no se le dejaba salir a Joseph, efectivamente comenzó a molestar el duende, arrojaba la fruta y unos adobitos en forma de cajita de fósforos, por la ventana del techo del cuarto donde dormíamos con Joseph. El pequeño, como obsesionado por no haber visto a su “compañerita” en varios días se desesperaba por salir, mis hermanas no lo dejaban, él lloraba y decía que su amiguita la gringuita lo estaba mirando y señalaba la ventana, nosotros no veíamos nada, el retenido insistía que allí estaba, pero que se tapaba su cara con sus cabellos, yo miraba ansiosamente por verla y no había rastro alguno de aquella visión, repasaba una y otra vez la dirección que Joseph mostraba de aquella figura, pero sólo encontraba la ventana y una rama del mango del vecino. Todos nos preocupamos pensamos que Joseph estaba loco, en extremo que observaba hechos inexistentes, ¡Pero lo de la fruta era real! Mi padre trazó un plan y dijo, mañana hay que dejarlo salir y lo seguiremos para hace correr al duende, ellos son muy asquerosos, corren del excremento y la orina de las personas, pero también son agresivos.
Al día siguiente Joseph, liberado de su aislamiento, se dirigió al lugar donde sabía que encontraría la fruta, caminó y caminó, cuando el iba a recoger, se escuchó un ruido que provenía del árbol, estaban tirándole piedritas, miré bien y pude distinguir un cuerpecillo diminuto completamente desnudo, con frondoso cabello rubio; me asusté mucho y al salir de mi marasmo, avisé a papá, quien me dijo que no me asustara ni hiciera ruido, acotando que a la hora que lo vea bajar y se ubique junto a Joseph le avisara , efectivamente esa criatura fue bajando, yo ingresaba a un estado de pavor, los dientes me rechinaban, las rodillas se me juntaban y un sudor frío y copioso empezó a mojar mi cuerpo ¡Estaba aterrado! Tanto que en mi interior sentía un nudo enorme que me impedía hablar para dar aviso a papá. Joseph estaba casi en medio del corral con su canastita recogiendo la fruta que le había dejado el duende.
El querube bajó y se acercó lentamente, parecía que ya nos había visto, ¡Hola amiguita¡ dijo Joseph, el duende se acercó desconfiado, seguro que en otros días Joseph no fue tan gentil y bondadoso, lo miró y enseguida le extendió la pequeña mano, al ver eso rompí el nudo de mi pecho, y caprichosamente pude vocalizar palabra para dar aviso a papá quien ingresó corriendo al corral regando de orines al contorno donde estaba Joseph y hablando palabras soeces pedía que se retire el duende, Joseph se asustó, pero quien más sintió esta acción fue el pobre duende, logré verlo como de manera ágil y felina, saltaba la pared, trepándose en el mango y lograr huir despavorido.
Así fue como Joseph perdió a su amiguita, para él la gringuita de cabellos largos, quien le regalaba fruta.
El niño se puso triste, niños al fin no comprendíamos la actitud de papá, pero nos explicó a todos, que los duendes venían a llevarse a los niños en venganza porque ellos no pudieron nacer, pues fueron abortados, siendo mucho más peligroso, aquellos que fueron asesinados por malos padres.
Joseph una vez más salió corriendo al corral, se paró en el punto que siempre esperaba al duende, miró fijamente al árbol de mango y por más fuerte que lo llamaba el duende (para él su amiguita gringuita), no regresó jamás.
¿ Existe el duende ¿ O lo imaginé
Años después cuando le comentábamos el suceso a Joseph, casi no lo recuerda, pero en mí si quedó grabado el episodio y hoy, que los duendes, a merced de los escritores son casi amigos y se mencionan mucho en los cuentos de hadas se me ocurrió contar esta historia .








































A los niños y jóvenes estudiantes de mi Provincia de
Pacasmayo Especialmente de la I.E Gonzalo Ugas Salcedo.














A los niños y jóvenes estudiantes de mi Provincia de Pacasmayo
Especialmente de la I.E Gonzalo Ugas Salcedo.




Noche friolenta en Pacasmayo
Friolenta noche, donde el mar entregaba la cadencia de sus olas, las bandadas de pardelas gritaban extrañas melodías, pescadores que regresaban del muelle emperifollados en gruesos atuendos.

Era el mes de julio, en Pacasmayo estaba paseando por sus calles y sumido en mis pensamientos, meditando caminé, y caminé, de repente me di cuenta que culminaba la Avenida 28 de Julio y me acercaba al parque y de hecho al encantador y hermoso mar pacasmayino; allí donde el mejor pescado del norte, se puede apreciar en cebiche y sudados en los diferentes restaurantes que tiene nuestra ciudad de las dos cabelleras y olas de tul.

Al llegar encontré a un grupo de niños con una botella de ron, camuflados en un rincón, frente al descuidado parque Benjamín Kauffman de la ciudad. Mi reacción fue demasiado rápida; y hasta mi rostro creo que denotaba molestia, pero rápido cambié de mirada, me dirigí a ellos decididamente. ¿Qué hacen?, les pregunté. Ellos se sorprendieron, pero no hicieron nada por guardar la botella. Saben que eso es malo les dije en tono suave y de amigo.
Tan malo no debe de ser profe, si los mayores lo hacen siempre… mi papá, mis tíos, los profesores, dijo uno de ellos. Los demás dijeron: ¡claro, así es, pues¡. Esta botella la hemos traído de mi casa, allí hay fiesta y hay harta gente , se están tomando varias de estas, ¡Pucha, si pues! un montón se acaban ya, complementó el otro niño. Los tres soltaron una suave carcajada casi al unísono. Jaa jaaa jaa.

Me acerqué a ellos en cuclillas para hablarles en voz baja y les dije que no debemos aprender cosas malas que parecen

buenas y les propuse que me permitan contarles una historia que conocía. Los niños aceptaron mi propuesta pero de mala gana. Uno de ellos iba a levantar la botella para ingerir un trago y lo detuve con un ¡Espera ¡ Qué te parece si termino de contarles y luego se toman todo, si creen que así debe ser. Uhmmmm, bueno pues, contestaron, qué vamos a hacer.

Empecé a relatarles que conocí una familia que tuvieron un bebé y que le pusieron de nombre Raulín. Como ellos fumaban y tomaban lo hicieron igual a ellos. Raulín, a su corta edad, se comportaba como una adulto, permitiéndose todas las licencias posibles. El iba a la escuela particular; pero poco jugaba con muñecos, menos con amigos ya que siempre le daban tareas que hacer, para que no les moleste, los amigos que tenía eran los de sus padres pero no eran de su edad. El alucinaba en ser un verdadero adulto: para ganar dinero, entender lo que hablaban, tomar y fumar como sus padres.

Así Raulín fue creciendo, sus padres eran adultos mayores y disfrutaban de su jubilación, viajaban a distintas ciudades e iban a la playa con sus amigos, jugaban a las cartas, fumaban y tomaban como siempre.

¡Ah!; Raulín no participaba con ellos. El pobre tenía mucho trabajo, no paraba nunca, él deseaba ser viejo para poder disfrutar igual que sus progenitores, la forma de vida de sus padres le parecía buena. Después de todo es la única enseñanza que recibió.
Fue pasando el tiempo y llegó el día que Raulín se hizo mayor; sus padres y los amigos de sus padres fallecieron, se quedó completamente sólo. Todas las tardes bajaba al parque cerca al muelle y el malecón, se sentaba en uno de los bancos y se pasaba todo el día viendo a los niños jugar, correr alegres y contentos disfrutando de su niñez; con toda la vida por delante.

Entonces pensó en volver a ser niño y recuperar su infancia que nunca tuvo. Ese anhelo era algo imposible, el tiempo no retrocede nunca. En esta estación de mi relató los interrogué ¿Me entendieron? Y continué. Es que el tiempo perdido nunca se recupera, volví a interrogar ¿se dan cuenta? cada edad tiene su momento, nos desesperemos por pasar a la siguiente etapa de la vida sin aprovechar al máximo lo que estamos viviendo. Ahora. Ustedes tienen que estudiar para que en el futuro sean buenos profesionales.

¡Chóquenla! les dije y estiré mis manos para estrellar mi palma con la de ellos, en señal de que sellábamos un pacto. Los niños se miraron unos a otros sin decir nada, se pusieron de pie y en coro dijeron: ¡gracias, profe!

Sorprendentemente uno de ellos dijo:
Tiraremos esta botella al fondo del mar para no verla mientras seamos niños y cuando seamos mayores tampoco queremos encontrarla sentenció el que estaba a su lado. Dicho esto último, se fueron juntos a jugar con una botella plástica, a manera de pelota, en el parque Benjamín Kauffman, que a pesar de no prestar las condiciones adecuadas ,ellos lo disfrutaron. La gente pasaba, los miraba sin saber que les ocurría en esos momentos, convirtiéndome en su único espectador, haciéndome sentir desestresado y recordando mi niñez, pensando cuántos niños necesitaran del diálogo y cariño.

Agotados, y a pesar del frió climático, ellos se sentían calurosos. No dudaron en hacerse notar dándose un chapuzón en el bello mar pacasmayino, frente al parque; mientras yo disfrutaba observando, sintiendo y comprendiendo la inocencia de aquellos pequeños.

Ellos al verme que yo sentía frío, se despidieron alargándome su manito mojada diciendo: ¡otro día nos encontraaaamoooos! Y partieron en una sola línea corriendo, y conforme se alejaban, sus figuras infantiles se difuminaban.

Yo caminé observando y recorriendo el envidiable malecón de mi Pacasmayo querido para volver a casa, pues la noche era friolenta.

















































A Silvia, Alex, Richard,
Jeff, Silvia Alexandra
Por su comprensión y
aliento Para que cada día cumpla
con mis metas trazadas.

El Palito del Barrio

Vivía en mi barrio, el asentamiento humano “Las Maravillas”, un niño muy flaquito, se reían de él en el colegio, claro, sin mala intención, pero causaba admiración lo menudito de su contextura.

Por las calles de la ciudad San Pedro de Lloc, todo el mundo miraba con curiosidad, la cara delgadita que tenía, sus cachetes raquíticos y pálidos ,parecía un cadáver andando, el pobre.

Ese ingenio popular, esa chispa del provinciano, que le encuentra siempre una analogía cómica a todo, surgió, y empezaron a llamarle “Palito”.

El sobrenombre no le desagradó y “Palito”, “Palito”, fueron llamándolo por las calles hasta que el apelativo se introdujo en el seno familiar, padres, tíos primos y hermanos también lo llamaban “Palito”.

El tiempo seguía su inexorable camino y “Palito” le rehuía a la obesidad, no engordaba nada; y eso que comía duro y parejo. Hizo tantas ,que no le dejaban vivir tranquilo en el barrio, sobre todo un amigo que aún siendo mayor que él lo estimaba mucho, lo que no obviaba que lo vacilara, que además de Palito, le decían cara de flecha, perfil de hacha, experto en natación (nada de espalda, nada de pecho, nada de nada); también le gustaba comer bastante y jugar en la Internet.
Su mamá siempre le preguntaba: ¿Por qué no haces ejercicio? Luego argumentaba: así harías músculos y harás amigos.

A “Palito”, sí le gustaba el deporte, siempre y cuando fuera con mayores, los niños de su edad mucho lo molestaban. Pienso que jugaba con los mayores para demostrar que su contextura física no le impedía competir con gente fornida gorda o flaca.
Un día de verano, estaba “Palito” mirando la televisión, tirado en el sofá, en eso apareció un anuncio de la Academia “CHANCAO”. Allí se apreciaba un niño como él; estaba alegre y feliz jugando con otros chicos también flaquitos. Se trataba de un ciclo de verano donde muchos niños flaquitos jugaban juntos y se divertían, al ver esto se puso de pie al tiempo que le decía a su mamá que quería ir a esa academia, que ellos lo entenderían. Sus papás no dudaron ante tal petición y lo inscribieron.
Llegó a la canchita que está ubicada junto al penal de San Pedro de Lloc, allí se reunían los otros físicamente similares a él, lo quedaron mirando y se le acercaron diciéndole hola ¿Cómo te llamas? ¿Vienes a jugar? Nadie lo había insultado, todos querían jugar con él, pues todos pensaban que iba a darles su verdadero nombre, pero el muy original les dijo: llámenme “Palito” nomás.

Estuvo jugando todo el verano; solo fútbol, también sutiles juegos infantiles como la lleva, al rescate, al ampay , mata gente, y por supuesto, en su puesto ideal, de arquero en fulbito, no se daba cuenta que estaba haciendo ejercicio y creando fortaleza en sus músculos y huesos.
Se acabó el verano y tenía que volver al colegio; hizo mucho amigos, quedaron en reunirse siempre. Sus padres cuando menos pensaron lo vieron y se quedaron sorprendidos, no le reconocían., pues había cambiado mucho, sin bien es cierto no engordaba pero fortaleció sus músculos.

El niño en un día que los descubrió observándolo les interrogó en tono sonriente: ¿Y ahora que les pasó?

El padre le dijo: ¡Estás tan fibroso y fuerte! Al escuchar esto, “Palito”, que no le gustaba mirarse en el espejo, corrió hacia el vidrio grande del cuarto de baño y se miró, sonrió, agregando en voz alta, como para que todos lo escuchen: ¡El ejercicio es divertido, hay muchas formas de practicarlo, ¡Tu cuerpo y mente lo agradecerán! Todos sonreían de escucharlo y ver que él se sentía feliz, siendo lo mejor que promovió, que los demás también se sintieran felices.

Aún así no deja de ser flaquito, pero fibroso. Y cualquier chapa o apodo que le pongan le va y le viene ¡Ah! ¡Pero eso sí! Sigue siendo “El Palito del Barrio”.

































Silvia Rosa
Mi adorada Hija a quien el creador
La invito a formar la pléyade celestial
Y desde allí derrama sus bendiciones

La Hermosa Flor y el Clavel
Día de primavera –sol radiante y clima caluroso–. Apareció en el jardín de mi casa una hermosa flor, bellísima. No era rosa, tampoco margarita, menos orquídea. Era tan distinta, nunca había visto flor tan linda. Saqué la planta de la tierra y la coloqué en una maceta, para gozar de la rareza de su flor, lo mejor de su aroma y exquisitez.

Fue a dar a la sala de mi casa, junto a mi escritorio, para provocar admiración en los visitantes ante tanta belleza y rareza de esa flor que tenía un pronunciado y llamativo color violeta.

Al siguiente día fui al jardín como de costumbre y encontré un botón de clavel que abría y abría su flor, pero a la vez los pétalos caían y caían. Me acerqué y escuché un quejido que me decía: te has llevado mi corazón y mi alma , sufro por ella, la necesito a mi lado.

- ¡Hola! - Le dije: -¿Quién habla? – Interrogué, mientras recogía los pétalos que caían uno a uno lentamente.

- ¡Hola!, _soy yo, el clavel _ Me quedé estupefacto al escucharlo hablar.

Al ver que seguían cayendo sus pétalos le dije: - ¿Qué quieres que haga por ti? No sufras -Pero él, _ ya no soportaba más y quedó marchitado. Sin saber, ni imaginarme lo que realmente sucedía,_ lo saqué de la tierra y lo coloqué en un macetero al lado de la hermosa flor; por si pueda recuperarlo. _Comencé a observarlos, todos los días, lo acariciaba y le decía:

- Ya pues clavelito, reacciona, levántate - Estaba seguro que él me escuchaba.

Pasaron unos días y al regar las macetas vi al clavel que revivía y estaba recostado en la hermosa flor _quien con sus hojas parecía acurrucarlo, como dos adolescentes enamorados._ Comencé a regarlos como de costumbre, _de repente volví a escuchar la voz que decía:
- ¡Gracias por volverme al lado de mi amada .!
- ¡Hola! - Le dije
- ¡Me encantó la sorpresa! ¿Te gusta esta hermosa flor? – Volví a inquirirle al clavel .
- ¡Sí, síiiii¡ respondió
- ¿Pasa lo mismo contigo, hermosa flor?
- ¡Sí, síiiii¡ respondió ella.
- Entonces Los volveré al jardín. Les respondí
- Allí estarán juntos otra vez.

- Al escucharme se estrecharon tanto que parecía una sola planta con dos tipos de flores; ­al mismo tiempo que las regaba les dije:
- Tú serás la Hermosa flor y tú su adorado Clavel. Al día siguiente, los coloqué en el jardín, el clavel se restableció y presentó un hermoso botón, y la hermosa flor se hizo frondosa.
-
Escuché que el clavel le decía: Eres diferente a las demás y siempre llevarás por nombre Hermosa Flor. Y ella le respondió: Tú siempre te llamaras Clavel.

Esta es la historia de un Clavel que se encontró en mi jardín con una Hermosa Flor. Los dos se enamoraron y juntos disfrutan; y como están en mi Jardín, yo disfruto de la exquisitez de su belleza y aroma .





























Con Afecto y gratitud a un ex alumno
Ejemplo de emular .


Percy y el encanto del mar


Era el año 2011, disfrutaba de la brisa silenciosa y matutina, esperando contemplar el puerto querido de Pacasmayo, con su peregrino mar extenso y generoso, sus aguas color cielo agraciado, donde bañarse y refrescarse en cualquier época del año es sentir la candidez y compañía del Cristo redentor que espera a sus visitantes con los brazos abiertos. Ciudad de los indescriptibles peces y mariscos, que nos ofrecen los restaurantes preparando deliciosos cebiches, sudados, picantes, chicharrones, parihuelas, y tantas delicias, sazón mágica, de prodigiosas manos Pacasmayinas.

Ciudad en la que vivía Percy, un joven extraordinario, trabajador, dinámico, responsable; dirigente político y deportivo; sin embargo, lo que más efusivamente él resaltaba en el palpitar de su corazón, era el haber aprendido a ser un caballero, ser estudiante del colegio Gonzalo Ugás Salcedo; su centro del saber que se aprestaba a celebrar sus Bodas de Oro.
Percy, era uno de los más entusiastas, en la gloriosa tarea de convencer a cada ex alumno Gonzalino para participar de sus fiestas aniversarias.

Su pasión, como el amor a su familia, era su trabajo; la pesca; ese contacto con la naturaleza infinita del mar, en especial el Pacasmayino, donde se atesoran las especies más agradables que disfrutan las papilas gustativas del paladar del pueblo, y luego ofrecerlas y ganarse un dinerito para el sustento de su familia. Percy no tenía horario, su hora de labores estaba íntimamente ligado al comportamiento del mar, marea alta, marea baja. A veces tenía que ir por las noches acompañado de sus familiares y amigos que se dedicaban a este sacrificado trabajo.

Ocurre que una mañana gris, nuestro amigo estaba pescando, el sol ya empezaba a soltar su cabellera y el fulgor de su radiación semejaba un farol de un moderno automóvil. Percy creía ver ya el viejo faro, incandescente y cumplidor con la orientación que brindaba a los marinos. Ante esa sordidez se observaba lo extenso del mar. Todo este espectáculo se daba mientras él pescaba y se alejaba a una distancia considerable de sus amigos, casi sin darse cuenta.

Cuando de pronto, anonadado observa fijamente una cabellera larga y brillante como el oro, posada sobre un hermoso rostro de ojos verdes, que se hacía notar en su divinidad solo hasta la cintura; su angelical belleza del resto de su cuerpo estaba cubierto por el manto de la fuente de agua de sal; como todas las sirenas no tenía piernas; su cuerpo acababa en una gran cola de pez. De pronto se escuchó una vocecilla acompañada de una preciosa melodía que Percy nunca había aguzado. Él no se estaba percatando de ningún peligro.
Nuestro hermano y amigo Percy quiso desviar su atención pero al mirarla nuevamente con el rabillo del ojo, y pensando que de repente era alguna aledaña compañera de trabajo, se acercó en dos zancadas rápidamente y mientras más asediado estaba al escuchar la armoniosa y seductora melodía, que jamás había escuchado, fue poseído por la más serena e intensa voz que alumbraba su destino.

Sus amigos que habían ido con él ni se percataron de lo que sucedía y se alejaban más y más de él. Cuando Percy estuvo ya al lado de tan bella mujer lo agudizó con sus sentidos, quedándose perplejo, de aquella mixtura, la mitad de su cuerpo estaba en el agua, era de pez, brillante y era muy hermosa como doncella del paraíso, reaccionó y quiso retirase, ya no pudo retroceder, aquella hermosura de mujer angelical, la Sirena de Pacasmayo, especies mitológicas, que dicen las voces populares, sólo suele aparecerse a las personas de buen corazón.

La sirena le extendió su manecita a Percy, quien no salía de su asombro sobrenatural y encantador. No temas le dijo la ninfa, yo te daré lo que tú quieras, esta es mi morada. Vivo aquí, en el mar. El buen pescador se quedó encantado y dichoso; sin darse cuenta, se dejó coger de la mano y la Sirena lo llevaba, cada vez más, al centro del mar y él seguía sin volver en sí.
Había pasado ya buen tiempo y sus amigos recién se dieron cuenta que Percy no había avanzado junto a ellos. Comenzaron a llamarlo con voces potentes para que pueda escucharlos. ¡Percy! ¡Percyyy!, _¡Percyyyy¡. La Sirena se asustó y presurosa lo soltó desapareciendo. Los gritos habían roto el encanto. Percy, despertó del encanto pero poco o nada podía hacer para salir de la profundidad del misterioso mar, a pesar que sabía nadar. S us amigos se preocuparon y comenzaron a buscarlo en vano, no lo encontraban pues al romper el encanto, la Sirena lo dejó a expensas del mar, quien lo devolvió después de tres días, encontrando sus amigos el cuerpo inerte, inanimado; hecho que causó mucha congoja en todo el pueblo Pacasmayino, hundiendo en profundo dolor a sus padres, familiares, amigos y a todos quienes lo estimamos.

Era el año del encanto, se acercaba la fecha de las Bodas de Oro del colegio Gonzalo Ugas Salcedo; en toda la fiesta estaba presente Percy, en los polos, en el corazón de cada uno de sus compañeros de promoción, en los discursos, en el programa, en el desfile de escoltas. Tanto así que desfiló como el soldado valiente y solidario, junto a su esposa, en la pancarta que ella portaba. Se escuchó estremecer el mar, la tierra, y el viento con el fuerte sonido magnetizado nuevamente de su nombre ¡Percy! ¡Percy! ¡Percy! Y se celebró como en sus sueños e ideas que siempre él quiso: con alegría, con amistad, unidad y fortaleza, ganando el preciado gallardete: “BODAS DE ORO”
¡Percy vive, no ha muerto! Vivirá en la eternidad, en la memoria, en el corazón de la promoción 1994, en el corazón del gonzalino venidero que siempre lo recordará.







































Manuel García LLicàn
Mi padre ,recordado “Legal”, Ahora en el cielo
Por regalarme la firmeza de su disciplina
Y haberme enseñado a triunfar en la vida.

Dolores Mayanga de García
Que lucha cada día por todos mis hermanos
Para que seamos personas de bien y
Sigamos el camino que nos enseño mi padre.










El Barco de mi vida I

Arrodillado en la extensa orilla de la playa de mi vida voy recordando algunas de las perlas que he ido almacenando en mi corazón a lo largo de todas mis travesías o periplos que el tiempo me ha permitido.

Mis primeros recuerdos de la infancia me trasladan a La calle Zepita, junto a la acequia y cerca al pozo del “Barral”; y por supuesto la Escuelita La Tina, donde estudié los tres primeros grados de primaria con mi maestra Marina Espinoza de Vértiz.

También recuerdo a la profesora Olinda Cueva de Alegría, la señorita Eudocia Calderón y la señorita Delia Sánchez Leytón. Desde los cantones de la puerta falsa o trasera de mi casa disfrutaba de una vista panorámica de la acequia, donde los barcos de papel que construía y arrojaba al agua, divulgaban sus movimientos con unos mordiscos que les daban las charcocas, anchitos, las sarras, y a veces hasta el croar de un sapo o una rana.

Llamaba mi atención su porte enorme de Miguel Gómez al igual que su sensibilidad, cortesía y amabilidad; tanto con los mayores como con los niños, a estos últimos nos levantaba en el aire y nos hacia jugar simulando un avión o helicóptero y Arturo Castañeda Liñan, cuya grandeza justificaba tan alta solidaridad y cariño por los niños, cuyo horizonte era la puerta a lo desconocido reflejado en su caricaturas que hacía, llenando cuadernos y cuadernos, y los grandes pensamientos tenían el poder de traspasar el límite para navegar hacia no se sabe dónde, más tarde, es decir después de un tiempo entendí su ideal, ya que se convirtió en un gran escritor y viajero, en cambio Miguelito, aviador de profesión, no en el aire, como le hubiera gustado, siendo aviador, sino en un accidente terrestre, cosas del destino, caray ¡Qué en paz descanse, nos lleva la delantera!.

Años más tarde, en el colegio, mi profesor Rodolfo Alegría Sánchez nos puso como tarea dibujar algo a nuestra elección. Mi dibujo fue mi madre Dolores Mayanga, la tarea me resultó gratificante, tanto, que me quedo muy bien a juzgar por su reconocimiento. Le gustó tanto a mi profesor que me pidió que haga otro dibujo para él y le dibujé la escuela 2340 del “Barral” donde enseñaba su esposa, la señora Olinda, sabía como la amaba a su Olindita y todo lo que se relacionara con ella era bueno; siempre estaré agradecido que alguien fuera capaz de valorar mi esfuerzo infantil.

En los primeros grados era la profesora Olinda quien me alentaba, a pesar de no ser mi profesora de aula, ¡ah! claro lo mismo hacia con varios amigos, al igual que la profesora Marina, ambas eran muy buenas, por ello su recuerdo perdura en mi mente. La autoestima es la gran esencia de mi vida. Sería muy triste morirme sin haber sido capaz de amarme a mi mismo. Eso nos permite saber amar.
Dolores Mayanga y Manuel García, mis padres, trabajadores, disciplinados, humildes, honrados, los aprecio mucho por sus cualidades maravillosas: siempre me valoraron al igual que a mis hermanos, y fueron capaces de descubrir nuestro valor. Imagínense cuando yo era niño, enfermaba a menudo, Mamá tenía mucho trabajo en casa y sólo podía hacerme compañía por momentos. Ella tenía que atender a mis hermanos, mi padre trabajaba en el colegio Rázuri y había que atender al internado. El madrugaba a las tres de la mañana para preparar el desayuno junto al señor Mendo y don Jesús Soto Mayor. ¡Ah!, eso sí, no nos faltaba nada en casa.

Mi madre criaba muchos animales, pues la casa era grande, parecía el arca de Noé, había patos, pavos, gallinas, chanchos, cuyes y conejos, a estos últimos los criaba en una jaula hecha por mi padre de caña de Guayaquil, colgada en alto para que no se los coman las ratas que pululan por los campos y visitan de vez en cuando las moradas vecinas.

Las horas eran eternas cuando lo acompañaba a mi padre a su trabajo en la madrugada, pero gozaba cuando ya estaba listo el desayuno y recibía mi ración al igual que los estudiantes internos, mis dos panes de agua mi queso y mi plato de dulce de avena, más mi taza de quáquer con leche. Era un trabajo que mi padre amaba, y que luego lo desarrolló como portero, implacable en las órdenes respecto a la disciplina en el colegio, nadie podía llegar tarde, mucho menos yo, que también estudiaba en el Glorioso “Andrés Rázuri”. Papá era tesonero, nunca pensé que a él ni la más larga convalecencia hubiese conseguido poner fin a tan tediosa tarea que cumplía con responsabilidad. Saben, allí se hizo más conocido como don “Legal, por su rectitud y entrega en su labor disciplinaria.
Pero que triste fue verlo y acompañarlo a las atenciones hospitalarias, teniendo que recurrir al apoyo y ayuda de muchas personas.

En una sola semana tuve que pasar por varias solicitudes distintas, como la de solicitar una movilidad para llevar a mi viejo a su control y firmar como si me dieran dinero en efectivo para justificar el combustible y el chofer. Que triste es el hospital, acabas conociendo a muchas pacientes de todas las edades, tipos y caracteres. Pero también personas dadivosas y amables, recuerdo uno de edad joven y educado, reservado y discreto, no era paciente, llegó al saber que mi padre estaba en su control en Chocope, solo cumplía por su propia cuenta una compañía leal para mi padre, le llamábamos “Chupaca”, quien asumió el papel de hijo por su atención tan cariñosa y responsable, él le decía a mi viejo “Tío”. Lo paseaba en su silla de ruedas, lo acompañaba al cuarto de baño, alentándolo para que no haga caso a sus dolencias, contándole un chiste, aunque mal, pero igual le hacia reír ,Claro nada que ver lo que significaba mi madre era otro tipo de compañía, estuvo a su lado sufriendo con su dolor hasta sus últimos días. No quiero llegar a más, solo deseo tener el valor para agradecer al alma de mi padre ausente y a mi madre que esta a nuestro lado, por todos los momentos de paz conmigo, las historias que no teníamos tiempo de escuchar de nuestros sabios viejos, aventuras de los que nos sucede, hoy las recuerdo en el barco de mi Vida, que cuando navego entre la valoración, y la aceptación, soy el niño que dibujé a mi madre en la escuela y es lo que más quiero y querré por siempre. Mi mamá “Lola”, su corazón ha sido y será siempre el mejor regalo y el recuerdo permanente de quien me enseñó el camino de perseverancia y rectitud para conseguir nuestras metas.

Lógicamente en este momento que escribo ya no podría dejar de mencionar a mi reinita preciosa que el creador al verla tan hermosa la llamó a formar ese grupo celestial, aún en su corta edad y fugaz estadía en nuestro planeta, dejando mi alma herida porque se fue mi flor más hermosa, mi hija Silvia Rosa. Se supone que en cualquier momento el barco de mi vida puede naufragar para llevarme a repararlo allá donde está ella y poder navegar con paz en mi alma.















INDICE

Presentación……………………………………………………………………....…..04
Prologo……………………………….………………….………………………….…....05
Mi Hermano y el Duende……………………………………………….….……..07
Una noche friolenta en Pacasmayo…………..…………………….…….…13
Palito el niño Flaquito del Barrio……………………………………...........18
El Clavel y la Hermosa Flor……………………………………………...….……22
Percy y el Encanto del Mar………………………………………………….…...35
El Barco de mi Vida……………...……………………………………….…....…..30
Índice……………………………………………………………………………………….36
Auspiciadores……………………………………,,,,,,,,,,…………………………...38









1 comentario:

Anónimo dijo...

Una noche -ha varios años ya- de casualidad, pasaba entre tus nostalgias naúfragas entre doradas y espumantes oleadas de cebada, en un rincón pacasmayino y, quisiste compartir conmigo, emocionado,lo que ahora leo, gratamente, en tu libro... aquello que era, entonces,un bosquejo tímido en hojas ajadas y; aún cuando me apena lo muy poco que nuestros coterráneos le dedican a la literatura local, me alegra sentir como el juguetón rebulleo de tus letras, que, además, dispones de libre consigna a quien desee un momento de solaz fraternal en su alma...llega, efectivamente, como una barca cargada de recuerdos fieles para enlazar tiempos
-tiempos que van tiempos que vienen y entre los que discurre la vida- compartidos...
Acaso, hayas querido plasmar uno de tus sueños; acaso tu inquieta alma se haya involucrado, lindamente, con el entorno inocente donde desarrollas tu oficio de maestro o, tal vez, no haya pretensión alguna entremedio...tal vez, sólamente tu barca se detuvo un instante en el puerto invisible de cada amistad para alegrarnos....
Un abrazo Antero....